Un caso especial, que supero al panorama americano en cuanto a dramatismo y monumentalidad, y que represento sin duda un enfoque opuesto, fue el realismo expresivo o, revolucionarios mejicanos mejor dicho, el expresionismo realista de los pintores revolucionarios mexicanos José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. La lista podría ampliarse a un artista que compartía su tradición, pero que no alcanzo su nivel de compromiso político.
Siqueiros, el tercer miembro de la liga de pintores revolucionarios, estuvo incluso más decididamente del lado de los oprimidos y los pobres, especialmente de los indios. Su intención declarada era socializar la expresión artística con el objetivo de eliminar el individualismo. Como sus amigos Orozco y Rivera, al último de los cuales conoció en Paris en 1921, Siqueiros tomo como punto de partida las doctrinas estéticas e ideológica del artista grafico revolucionario Posada y del fundador del Renacimiento indio. Pero a diferencia de ellos, acepto con entusiasmo el papel de propagandista político, activista y educador del pueblo. A pesar de los muchos encargos que recibía, Siqueiros incluso abandono por completo la actividad artística de vez en cuando a favor del trabajo político de base. Sin embargo, consiguió introducir una serie de innovaciones técnicas, como el uso sistemático de nuevas herramientas, como la pistola de aire, poniéndolas al servicio de una pintura rápida, propagandísticamente efectiva y corriente, capaz de seguir el curso de los acontecimientos políticos del momento.
La confrontación en 1995 en la Kunstalle de Dusseldorf de cincuenta dibujos y pinturas de Siqueiros y Jackson Pollock, que trabajaron juntos en Nueva York en 1936, arrojo una nueva luz sobre ambos artistas. En el laboratorio del realista comprometido, el futuro pintor de abstracciones goteadas aprendió la técnica de dejar gotear la pintura de un palo mientras se movía alrededor de la tela colocada en el suelo.
El florecimiento de la pintura mural mexicana, que no dejo de tener influencia en el arte norteamericano, empezó en 1922 con la realización de murales para la Escuela Nacional Preparatoria a encargo del trío formado por Siqueiros, Rivera y Orozco.
Esos fueron seguidos por muchos otros frescos que son actualmente el orgullo de Ciudad de México. A diferencia de muchos artistas europeos de ideas similares, los mexicanos tuvieron la satisfacción de ser comprendidos por aquellos a quienes iba dirigidos su arte, y a veces incluso por sus oponentes artísticos y políticos, lo que les causo gran cantidad de problemas a pesar de su popularidad. Aunque eran artistas políticos convencidos de su misión, nunca se subordinaron a ningún partido, ni siquiera Siqueiros, que era un comunista convencido. Esto lo salvo del compromiso, por no decir de los actos de su misión que diluyeron o incluso arruinaron la obra de tantos artistas.
A.A. V.V. Arte del Siglo XX. Volumen I. Ed. Taschen.
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