miércoles, 8 de diciembre de 2010

Andrey Bely sobre Les Folies Bergeres

“Osaría algunas veces salir de mi sepulcro para ir a las sesiones de jazz nocturno de París, donde asimilando por los colores, reflexionaría acerca de ellos en frente del fuego. Yo podría ser visto caminando a través de un pasillo fúnebre de mi casa, y descendiendo por una oscura espiral de escarpadas escaleras; acometiendo clandestinamente a Montmartre, impaciente por ver los rubíes ardientes del cruce de Les Folies Bergere. Vagué por ahí, luego compre una entrada para observar el delirio frenesí de plumas, vulgares labios pintados y pestañas negras y azules. Pies desnudos, muslos, brazos, y los pechos se arrojaban sobre mí a través de espuma roja-sangre de ropas translúcidas. Los tuxedos y las narices torcidas vestidas en chalecos blancos y pañoletas que llenarían el pasillo, con sus manos plantadas en los bastones. Entonces me hallé a mí mismo en un pub, donde los licores eran servidos en un féretro (no en una mesa) por el mismísimo diablo: «bébala, desgraciado!» Habiendo bebido, volví bajo el cielo negro dividido por las franjas llameantes, con las cuales las agujas radiantes de mis pestañas marcaron. Delante de mi nariz una corriente de bombines y velos negros seguían su pulsación, espumeando verde azulado y naranja cálido de las plumas que llevaban las bellezas de la noche: para mí ellos eran todos uno mismo, pues tuve que cerrar mis ojos por la insoportable radiación de las lámparas eléctricas, cuyas agitadas llamas estarían bailando debajo de mis párpados nerviosos por muchas noches por venir...”
Andrey Bely sobre Les Folies Bergeres. 1906

Presentación

Isabel Rodríguez González es mi nombre; una chica que nació hace 23 años en el pueblo sevillano de Las Cabezas de San Juan. Al acabar el Bachiller decidí hacer un C.F.G.S. Educación Infantil en Colegio Santa Joaquina de Verdruna, situado en la capital hispalense. Mi afición por la educación y formación de los más pequeños me llevó a Huelva donde sigo realizando mi tercer año de  la Diplomatura de Magisterio Infantil.

Pulseras, collares, vestidos, perfumes, pañuelos, bolsos, tacones, pendientes son los gustos que cualquier chica de mi edad puede presentar. Me considero educada, buena niña, gran amiga pero quienes me tendréis que juzgar sois vosotros.

Espero que os guste la visita a mi blog que es una parte íntima de mí, donde me podréis conocer más a fondo.


Arte de un fervor revolucionario

Un caso especial, que supero al panorama americano en cuanto a dramatismo y monumentalidad, y que represento sin duda un enfoque opuesto, fue el realismo expresivo o, revolucionarios mejicanos mejor dicho, el expresionismo realista de los pintores revolucionarios mexicanos José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.  La lista podría ampliarse a un artista que compartía su tradición, pero que no alcanzo su nivel de compromiso político.
Siqueiros, el tercer miembro de la liga de pintores revolucionarios, estuvo incluso más decididamente del lado de los oprimidos y los pobres, especialmente de los indios. Su intención declarada era socializar la expresión artística con el objetivo de eliminar el individualismo. Como sus amigos Orozco y Rivera, al último de los cuales conoció en Paris en 1921, Siqueiros tomo como punto de partida las doctrinas estéticas e ideológica del artista grafico revolucionario Posada y del fundador del Renacimiento indio. Pero a diferencia de ellos, acepto con entusiasmo el papel de propagandista político, activista y educador del pueblo. A pesar de los muchos encargos que recibía, Siqueiros incluso abandono por completo la actividad artística de vez en cuando a favor del trabajo político de base. Sin embargo, consiguió introducir una serie de innovaciones técnicas, como el uso sistemático de nuevas herramientas, como la pistola de aire, poniéndolas al servicio de una pintura rápida, propagandísticamente efectiva y corriente, capaz de seguir el curso de los acontecimientos políticos del momento.
La confrontación en 1995 en la Kunstalle de Dusseldorf  de cincuenta dibujos y pinturas de Siqueiros y Jackson Pollock, que trabajaron juntos en Nueva York en 1936, arrojo una nueva luz sobre ambos artistas. En el laboratorio del realista comprometido, el futuro pintor de abstracciones goteadas aprendió la técnica de dejar gotear la pintura de un palo mientras se movía alrededor de la tela colocada en el suelo.

El florecimiento de la pintura mural mexicana, que no dejo de tener influencia en el arte norteamericano, empezó en 1922 con la realización de murales para la Escuela Nacional Preparatoria a encargo del trío formado por Siqueiros, Rivera y Orozco.
Esos fueron seguidos por muchos otros frescos  que son actualmente el orgullo de Ciudad de México. A diferencia de muchos artistas europeos de ideas similares, los mexicanos tuvieron la satisfacción de ser comprendidos por aquellos a quienes iba dirigidos su arte, y a veces incluso por sus oponentes artísticos y políticos, lo que les causo gran cantidad de problemas a pesar de su popularidad. Aunque eran artistas políticos convencidos de su misión, nunca se subordinaron a ningún partido, ni siquiera Siqueiros, que era un comunista convencido. Esto lo salvo del compromiso, por no decir de los actos de su misión que diluyeron o incluso arruinaron la obra de tantos artistas.
A.A. V.V. Arte del Siglo XX. Volumen I. Ed. Taschen.